"Perro Bueno": el vino mendocino que convierte cada botella en ayuda para refugios de animales
El proyecto, nacido en San Rafael, combina producción vitivinícola con compromiso social: destina parte de sus ventas al sostenimiento de perros rescatados.
Un vino sanrafaelino que dona parte de sus ganancias a refugios para perros fue distinguido en la Legislatura
Un emprendimiento vitivinícola busca ir más allá del producto y generar un impacto concreto en la comunidad. Se trata de “Perro Bueno”, una marca que vincula la elaboración de vino con el acompañamiento a refugios de animales, destinando parte de sus ganancias a sostener el trabajo de rescate y cuidado.
El proyecto nace en San Rafael de la mano de Gerónimo Cortez y Adrián Góngora, quienes impulsan una propuesta que combina producción local con una causa social. La lógica es simple: por cada botella vendida, se genera un aporte directo a organizaciones que trabajan con animales en situación de calle.
“Perro Bueno” se apoya en un concepto que gana cada vez más espacio en el mundo empresarial: el triple impacto. Es decir, integrar rentabilidad económica con compromiso social y responsabilidad ambiental, en este caso con foco en el bienestar animal.
Para sus creadores, la iniciativa surge con la idea de resignificar el producto. “La intención fue que el vino sea más que algo comercial, que tenga una misión detrás”, explica el enólogo Gerónimo Cortez.
El vínculo con los refugios no es abstracto. El proyecto trabaja actualmente con organizaciones como Ángeles de Cuatro Patas, donde se asiste a perros rescatados, muchos de ellos mayores o con problemas de salud.
“Cuando uno ve de cerca el trabajo que hacen, entiende que el impacto es real”, señala Cortez, quien destaca que la propuesta busca generar un nexo directo entre el consumidor y la causa.
La meta, además, es replicar el modelo en otras provincias, articulando con refugios locales para que la ayuda tenga un alcance territorial y visible.
El acompañamiento que promueve “Perro Bueno” se vuelve clave en un contexto donde los refugios funcionan, en gran medida, gracias al esfuerzo voluntario.
Desde Ángeles de Cuatro Patas explican que su tarea se centra en animales que suelen quedar fuera de adopción: perros viejos, enfermos o con discapacidades. El objetivo es brindarles una mejor calidad de vida en sus últimos años.
El sostenimiento de estos espacios implica costos elevados, especialmente en atención veterinaria, tratamientos y alimentación, por lo que iniciativas que aporten recursos resultan fundamentales.
Además del apoyo económico, el proyecto también busca visibilizar esta problemática y fomentar la participación de la comunidad, ya sea mediante donaciones, adopciones o voluntariado.
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Un reconocimiento que visibiliza el modelo
En este marco, la iniciativa recibió una distinción de la Cámara de Diputados de Mendoza, impulsada por la diputada Laura Balsells Miró, que pone en valor el enfoque del emprendimiento.
En los fundamentos de la iniciativa, Balsells Miró destaca que se trata de un emprendimiento mendocino que “conjuga la actividad productiva con un profundo compromiso social, ambiental y ético, destinando parte de sus ganancias al acompañamiento de refugios de animales que trabajan diariamente en la contención de perros en situación de calle”.
Asimismo, resalta “el compromiso social y la generosidad empresaria del proyecto”, al que define como “una experiencia de triple impacto que articula producción local, responsabilidad social y concientización comunitaria”.
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La legisladora subraya además que “resulta imprescindible reconocer y visibilizar aquellas iniciativas que, desde el ámbito privado, deciden involucrarse activamente, comprendiendo que el bienestar animal es una responsabilidad colectiva que requiere del compromiso del Estado, de la sociedad civil y también del sector productivo”.
El reconocimiento apunta, además, a incentivar que otras empresas se sumen a este tipo de esquemas, donde la actividad económica se vincula con causas sociales concretas.
Mientras tanto, “Perro Bueno” sigue creciendo con una premisa clara: demostrar que el vino también puede ser una herramienta para generar impacto positivo, conectando consumo con solidaridad.