18 de enero de 2026 - 00:00

El enólogo que elabora sus vinos en "barrio" y emprende en la tecnología de guarda

El enólogo mendocino Cristian Moor analiza el consumo de vino, el rol de los proyectos chicos y el aporte de la innovación al sector vitivinícola.

En Mendoza conviven grandes bodegas y proyectos de menor escala que trabajan con volúmenes muy reducidos y decisiones año a año. En ese mapa, algunos enólogos eligen producir sus propios vinos y asumir el riesgo de no elaborar cuando la calidad de la uva no acompaña.

Ese es el camino que sigue Cristian Moor, enólogo mendocino con trayectoria en vinos de autor. Reconocida como la única bodega bonsái de la Argentina, la bodega Moor Barrio, fundada junto a Teresita Barrio, volvió a captar la atención del sector tras sumar importantes reconocimientos internacionales y destacarse en guías especializadas.

Además de su trabajo en la bodega, Moor es socio de Winert, un sistema de conservación de vino pensado para proteger la botella una vez abierta. Desde ambos proyectos, combina la elaboración a pequeña escala con una mirada técnica sobre el consumo y los desafíos actuales de la vitivinicultura.

Un consumo en baja

Desde su experiencia dentro del sector, Cristian Moor no esquiva el análisis del contexto actual. “El consumo de vinos en Argentina por supuesto que no es ajeno a lo que está pasando en el mundo, que ha caído en términos generales”, afirma. Para el enólogo, la disminución responde a una combinación de factores que se fueron superponiendo en los últimos años.

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“Creo que tiene que ver con varios factores que se han unido y conjugado al mismo tiempo”, explica. Entre ellos menciona los cambios de hábitos, las campañas en contra de las bebidas alcohólicas y la creciente influencia de la cultura fitness, especialmente entre los consumidores más jóvenes.

Uno de los puntos centrales de su análisis tiene que ver con la educación del consumidor. “Hay muchos consumidores de vinos que prefirieron otras bebidas que quizás son más nocivas para el cuerpo humano, como son las bebidas energizantes”, sostiene. En ese sentido, remarca una contradicción que, a su entender, no siempre se comunica correctamente: “No saber que una gota de esas bebidas energizantes hace mucho daño y una copa quizás de vino termina siendo un alimento”.

Moor también reconoce una responsabilidad puertas adentro de la industria. “Hago un poco de mea culpa, tiene que ver con la falta de creatividad que tenemos en el sector para comunicar el vino”, admite, y considera que esa falencia contribuyó a que el vino perdiera presencia cotidiana en la mesa de los argentinos.

Proyectos con identidad en una bodega bonsái

La Bodega Moor Barrio es, por definición, un proyecto pequeño. “El lugar que ocupa Moor Barrio dentro del sector vitivinícola es muy chiquito, con una producción muy acotada”, reconoce su fundador. Sin embargo, lejos de ver esto como una limitación, Moor entiende que este tipo de iniciativas cumplen un rol clave dentro del ecosistema vitivinícola.

“Son proyectos que impulsan al sector hacia arriba en el sentido de darle más diversificación”, explica. Según su mirada, la multiplicidad de pequeños productores permite expresar mejor la diversidad del territorio. “Generalmente los proyectos chicos son los que más identidad pueden darle a un vino y a un estilo”, afirmó.

El concepto de bodega bonsái atraviesa todo el proyecto Moor Barrio. “Tiene que ver con que es una bodega que tiene todo lo necesario para hacer grandes vinos a pequeña escala”, explica el enólogo. La analogía con el arte del bonsái se traslada a la manera de trabajar.

“Todos los procesos de elaboración son quirúrgicos”, afirma, consciente de que las partidas limitadas no admiten errores. La familia aparece como la raíz del proyecto. “Nuestra raíz es la familia”, señala, y agrega que cada decisión técnica busca preservar esa base y expresar la identidad del lugar y del varietal.

Initium Elena 2019, precisión y reconocimiento internacional

Dentro del portafolio de Moor Barrio, Initium Elena ocupa un lugar central. Se trata de un vino lanzado a fines del año pasado que rápidamente logró una recepción destacada en la crítica especializada. “Gracias a Dios, nos ha ido muy bien en reconocimientos internacionales”, señala Moor.

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Initium Elena 2019 es un blend compuesto por 85 por ciento Malbec y 15 por ciento Cabernet Franc, elaborado con uvas de Los Chacayes, en Tunuyán, Valle de Uco. Desde su debut, el vino acumuló distinciones relevantes en concursos de prestigio.

Entre ellas se destacan la Doble Medalla de Oro en el Gilbert and Gaillard International Challenge 2025, realizado en Francia; 94 puntos en Vinous.com, otorgados por el crítico argentino Joaquín Hidalgo; y 95 puntos junto a una Doble Medalla de Oro en el Concurso Internacional Vinus 2025, en Argentina. A estos premios se suma su reciente inclusión en la Guía Descorchados 2026, donde obtuvo 96 puntos y se ubicó entre los mejores vinos de la zona de Los Chacayes.

Winert: tecnología para conservar el vino abierto

Además de su rol como productor, Cristian Moor es socio de Winert, un sistema de conservación de vino basado en gas argón, pensado para proteger la botella una vez abierta. “Lo primero que me llevó a involucrarme en este vino son mis socios”, explica Moor, y destaca a Andrés Belinsky y Gustavo Ozamis tanto por lo profesional como por lo personal.

El principio de funcionamiento es simple y se apoya en un concepto técnico conocido en la enología. “El oxígeno dependiendo en la etapa de elaboración puede ser un amigo o un enemigo”, señala Moor. Mientras que durante la fermentación y el añejamiento controlado el oxígeno cumple un rol positivo, una vez embotellado pasa a ser un factor de deterioro. “Una vez abierto, el oxígeno oxida al vino y lo deteriora organolépticamente”, afirma.

Winert actúa justamente en ese momento. El sistema utiliza gas argón con pureza alimenticia, el mismo que se emplea en las bodegas para proteger el vino. “El argón es mucho más pesado que el aire que respiramos, que contiene oxígeno”, explica Moor. Al aplicarse, el gas se deposita sobre la superficie del vino y genera una especie de colchón que aísla el líquido del contacto con el oxígeno, evitando la oxidación.

El uso no requiere equipos adicionales ni modificaciones en la botella. Una vez abierto el vino, se vuelve a tapar con su cierre original, ya sea corcho, tapa a rosca o tapón de vidrio. Antes de cerrarlo, se aplica durante un segundo el gas argón de Winert dentro de la botella. De esta manera, el vino queda protegido y puede conservarse en buen estado por más tiempo.

“El sistema es sumamente fácil”, destaca Moor, y remarca que no extrae aromas ni sabores, a diferencia de otros métodos. Además, todos los vinos son aptos para esta tecnología. “Todos los vinos, una vez embotellados y abiertos, sufren oxidación, y por lo tanto Winert es apto para todo tipo de vino”, concluye.

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