28 de diciembre de 2025 - 00:00

Espumantes en Año Nuevo: la industria argentina que crece entre exportaciones, consumo y nuevos hábitos

Las burbujas sostienen su peso en el mercado local y externo, con exportaciones en alza, nuevos estilos y bodegas que apuestan a desestacionalizar el consumo.

El Año Nuevo vuelve a ser el gran escenario del consumo de espumantes en Argentina, una categoría históricamente asociada a la celebración que cada diciembre alcanza su pico de ventas. El calendario, el clima y una tradición profundamente arraigada explican por qué las burbujas siguen siendo protagonistas en las mesas argentinas, aun en contextos económicos complejos.

Sin embargo, detrás del brindis hay una industria que muestra números sólidos y señales de crecimiento sostenido. En la última década, las exportaciones de espumosos argentinos crecieron 54,9% en volumen, y 2024 se consolidó como uno de los mejores años de la historia para la categoría. Durante ese período, Argentina exportó 54.042 hectolitros por un valor de 25,3 millones de dólares, alcanzando un precio promedio de 4,68 dólares por litro, muy por encima del promedio de los vinos tranquilos, que ronda los 3,40 dólares por litro.

Brasil lidera los destinos con el 25,2%, seguido por Estados Unidos (17,4%) y Francia (13,5%), una señal clara del posicionamiento internacional del espumante argentino. A nivel local, comienzan a aparecer nuevos hábitos, mayor interés por el origen, el método de elaboración, la frescura y una lenta pero constante desestacionalización. En ese escenario, las bodegas y los hacedores explican cómo se construye el presente y, sobre todo, el futuro de las burbujas nacionales.

El espumante como parte de la cultura argentina

Para Matías Ciciani, director técnico de Escorihuela Gascón, el espumante ocupa un lugar que excede lo comercial y se vincula directamente con la identidad local. “Definitivamente los espumantes siguen siendo el vino más buscado para estas celebraciones. Creo que el consumidor argentino tiene una historia con este tipo de vinos y con otros fermentos que están muy arraigados en la cultura argentina y hacen que las fiestas tengan ese sabor. Es un elemento cultural ya instalado en las familias”.

Desde el punto de vista productivo, Ciciani subraya el crecimiento cualitativo del sector. “El espumoso argentino logró en los últimos años su máxima expresión gracias al gran trabajo que venimos realizando todas las bodegas y viticultores en el campo, en las fincas, en la comprensión de las uvas y adaptando las cosechas y las prácticas dentro de la bodega a un producto que no es fácil de elaborar en climas cálidos”.

Escorihuela Extra Brut

En cuanto al consumo, incluso en un escenario económico más ajustado, Ciciani observa continuidad. “En esta época la gente decide comprar porque es un tema cultural. Tal vez será una o dos botellas, pero definitivamente las burbujas no pueden faltar en una mesa. Es parte del subconsciente colectivo que completa la idea de festejo y de deseo que trae el Año Nuevo”. En ese contexto, nota una preferencia por marcas confiables y accesibles, como el Escorihuela Gascón Extra Brut, un Chardonnay–Pinot Noir elaborado de forma artesanal en Godoy Cruz, que se ofrece a $15.000 y sostiene una relación precio-calidad muy competitiva.

Mirando hacia adelante, el enólogo advierte que la industria atraviesa un proceso de transformación profunda. “Siento que la industria está en un proceso muy fuerte de cambios, sobre todo motivado por los cambios en el consumo de las personas, que están buscando nuevos productos”. En ese sentido, señala el potencial de los espumantes de cosecha temprana. “Los vinos espumantes cosechados temprano, con bajo grado alcohólico, pueden ser un motivador de un repunte en las ventas y de un futuro con más consumidores jóvenes en la industria vitivinícola”.

Precisión técnica y planificación anual

Desde Bodega Cruzat, la enóloga Lorena Mulet confirma que el espumante comenzó a romper su estacionalidad. “Si bien el consumo es mayor a fin de año, cada vez hay mayor consumo durante todo el año. Hoy acompaña almuerzos, cenas y coctelería”. El extra brut y el nature siguen liderando las preferencias, aunque, según señala, “viene en alza el consumo de espumantes dulces”.

Mulet destaca un consumidor más informado y participativo. “El consumidor actual no se limita a beber espumante, sino que busca conocer cómo se elabora y qué expresa cada etiqueta”. Esa curiosidad obliga a extremar la precisión técnica. “El punto de cosecha es clave y cada vez se adelanta más para obtener espumantes más frescos y con menos alcohol. Elaborar espumantes es una enología de precisión que requiere conocimiento y experiencia, porque equivocarse es muy caro”.

Cruzat FINCA LA DAMA (3)

La planificación anual es un pilar central del modelo productivo. “Analizamos tendencias de consumo y números de años anteriores para decidir el camino. Esto comienza en la vendimia, para definir cuánta uva cosechar, cuántas botellas llenar y organizar los insumos, sabiendo que la mayor cantidad de ventas se produce en los últimos tres meses del año”.

Para el brindis de fin de año, Mulet recomienda el Cruzat Single Vineyard Finca La Dama, un espumante único, fino y elegante que refleja calidad, frescura y personalidad, comercializado en estuche a un precio sugerido de $41.000. De cara al futuro, su visión es optimista. “Es un segmento que tiene mucho por crecer. Aunque los mercados tienen altibajos, la categoría siempre se mantiene en alza”. Y agrega: “Argentina muestra gran diversidad, precisión enológica e identidad propia, con una oferta amplia que incluye alta gama, opciones orgánicas, estilos más livianos y propuestas innovadoras”.

Innovación, origen y nuevos hábitos de consumo

Para Ana Paula Bartolucci, Chef de Cave de Chandon, el cambio estructural está claramente del lado del consumidor. “Hoy el consumidor argentino está mucho más curioso, informado y abierto a explorar dentro del mundo de las burbujas. Ya no se trata solo del brindis de fin de año, el espumoso empezó a ocupar otros momentos del consumo, desde aperitivos hasta comidas”.

Bartolucci identifica tres factores que explican el posicionamiento del espumante argentino. “La combinación de terroir, precisión enológica y una cultura muy fuerte de innovación. Tenemos viñedos de altura que aportan frescura natural, una enología enfocada en el detalle y estándares de calidad muy exigentes, pero también una mentalidad abierta para crear nuevos estilos y experiencias”.

Ese trabajo técnico convive con hábitos de consumo más relajados. “Hoy la gente elige espumantes pensando en compartir y disfrutar. Hay más aperitivos con burbujas, más maridajes con comidas frescas de verano y menos miedo a probar estilos nuevos, como rosados o propuestas más gastronómicas”. En ese contexto, recomienda el Chandon Cuvée Blanc de Blancs, un espumoso 100% Chardonnay, elegante, fresco y de burbuja integrada, que se encuentra dentro del segmento premium a $26.800.

Chandon Cuvée Blanc de Blancs,

Pensando en lo que viene, Bartolucci proyecta un crecimiento sostenido. “Creo que el espumoso va a seguir creciendo como una categoría cotidiana, no solo estacional”. Destaca el ingreso de consumidores más jóvenes, el avance de la coctelería y el fortalecimiento del segmento premium. “Argentina tiene conocimiento técnico, diversidad de estilos y una conexión muy emocional entre burbujas y celebraciones. El desafío es acompañar esa evolución con consistencia, innovación y calidad”.

Pureza, guarda y desestacionalización

El enólogo Juan Pablo Solís, de Bodega Kaiken, observa un consumidor argentino cada vez más exigente. “Hoy vemos un consumidor mucho más curioso y formado. Ya no se conforma solo con el brindis; busca entender qué hay detrás de la copa”. Ese cambio se traduce en una valoración creciente de la frescura y la acidez equilibrada, alejándose de estilos excesivamente dulces o pesados.

Solís remarca la importancia del origen y del método. “El consumidor quiere saber si es un método Charmat o Tradicional y valora especialmente la procedencia de la uva, como nuestro Pinot Noir y Chardonnay de zonas altas”. A nivel técnico, ese enfoque se refleja en una obsesión por la precisión. “Trabajamos con precisión quirúrgica en el punto de cosecha para mantener pH bajos y frescura natural, demostrando que el espumante argentino tiene potencial de guarda”.

Kaiken Espumosos sala

El desafío, señala, es ampliar definitivamente los momentos de consumo. “El espumante podría ser el gran compañero de la gastronomía de verano, desde una entrada con mariscos hasta acompañar toda una cena. La idea es que no se espere a las 12 de la noche para descorchar”. En esa línea, recomienda el Kaiken Millésime, un método tradicional que pasó casi ocho años sobre borras, con notas de pan brioche y frutos secos y una entrada de boca fresca y persistente, disponible a $48.000.

Mirando hacia adelante, Solís imagina un mercado más sofisticado y diverso. “Vamos hacia un consumo más cotidiano, con crecimiento en los segmentos Premium y Rosé y una mayor exploración de nuevos lugares”. Y concluye: “El paladar argentino ya incorporó la burbuja como sinónimo de calidad de vida, no solo de festejo. Ese es el futuro efervescente que se empieza a construir”.

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