El vino bajo alcohol comienza a consolidarse como una categoría con identidad propia dentro de la vitivinicultura argentina. En Mendoza, este fenómeno expresa un cambio en los hábitos de consumo y en la forma de entender la calidad, cada vez más asociada a la frescura, el equilibrio y al contexto en el que se comparte una copa.
En ese escenario, la Bodega Mauricio Lorca lanzó El Mirador, una línea de vinos de 8,5 y 9,5 grados de alcohol que se aparta de la lógica histórica de alta graduación y propone una mirada distinta, desarrollada desde el viñedo mendocino y en sintonía con una tendencia internacional en crecimiento.
Una tendencia que nace en el viñedo y redefine la idea de calidad
La apuesta de Bodega Mauricio Lorca por el vino bajo alcohol se apoya en una definición de lo que la bodega entiende por calidad. Para el enólogo, la graduación alcohólica no es un parámetro en sí mismo, sino una consecuencia del manejo del viñedo y del momento de consumo. En ese marco, Lorca marca una diferencia tajante con los productos sin alcohol.
Bodega Lorca
La Bodega Mauricio Lorca, en Luján de Cuyo, suma vinos de baja graduación alcohólica a su portfolio
“No le veo potencial comercial ni enológico al concepto de vinos sin alcohol. Hay que desalcoholizar y agregar componentes, el resultado deja de ser vino”, afirma Mauricio Lorca, quien sostiene que ese tipo de procesos industriales rompen el vínculo entre la uva y el producto final.
La línea El Mirador se elabora a partir de cosecha temprana, una decisión técnica que permite lograr vinos naturalmente livianos sin perder expresión. Al recolectar las uvas cuando aún conservan bajos niveles de azúcar, se obtiene menor alcohol de forma natural y una acidez más marcada. “La potencia no es calidad, es equilibrio”, explica Lorca.
Este enfoque también se refleja en el trabajo territorial que la bodega desarrolla en la Zona Este de Mendoza, donde recuperó viñedos antiguos de Criolla, Moscatel y Pedro Ximénez. Para el enólogo, el valor no está en la fama de la región, sino en el conocimiento del lugar. “Partimos denostando regiones sin ver el potencial. En el Este se pueden hacer cosas maravillosas. La diferencia la hacen las personas y el entendimiento del lugar, no el código postal”, sostiene.
Nuevos hábitos de consumo y un mercado que acompaña el cambio
El crecimiento del vino bajo alcohol responde a un cambio concreto en los hábitos de consumo. Según plantea Lorca, existe una demanda creciente de vinos pensados para momentos cotidianos, donde el objetivo no es la intensidad sino el disfrute prolongado y consciente. Almuerzos laborales, encuentros informales y consumo diurno aparecen como escenarios donde este tipo de vinos encuentra sentido.
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La línea El Mirador se elabora a partir de cosecha temprana y viñedos históricos del Este mendocino.
En ese contexto, El Mirador se presenta con dos etiquetas que buscan ampliar las ocasiones de consumo. El Ancellotta Malbec, con 9,5 grados de alcohol, ofrece un perfil frutado, directo y fresco, mientras que la Criolla Blanca, con 8,5 grados, se apoya en viñedos centenarios para lograr un vino floral y liviano. Ambas propuestas se inscriben dentro de la idea de vino alimento que la bodega sostiene desde hace años.
El interés del mercado ya se traduce en números. Una parte mayoritaria de la primera producción fue destinada a Inglaterra, donde los vinos livianos son una tendencia consolidada. En el plano local, tras presentaciones en Rosario y Buenos Aires, la bodega avanza en nuevas plazas del país, con la convicción de que el consumidor argentino empieza a correrse del prejuicio que asocia calidad con mayor graduación alcohólica.