24 de abril de 2026 - 18:58

Un vino distinto nace en Mendoza: un comunicador y dos enólogos detrás de un Sangiovese

En Mendoza, un sommelier y dos enólogos crean un Sangiovese de dos añadas pensado para compararse y revelar sus diferencias en la copa.

En Mendoza, una provincia atravesada por la tradición vitivinícola, surge un vino que desafía las lógicas habituales del consumo. El sommelier Mariano Braga se asoció con la reconocida dupla Michelini i Mufatto para crear un Sangiovese.

El resultado no es una etiqueta tradicional, sino una experiencia pensada para el descubrimiento. Dos añadas del mismo varietal, del mismo origen, que cobran sentido cuando se abren y degustan juntas. Una propuesta que combina terroir, tiempo y comparación.

De una idea postergada a un proyecto que encontró su lugar en Mendoza

El origen de Seriales Singulares no responde a una estrategia de mercado, sino a una inquietud personal que fue madurando con los años. El propio Braga lo explica desde su experiencia como consumidor: “En Argentina era ya un desafío per se, porque no era una variedad de uva que uno estuviese acostumbrado a ver en una góndola como varietal, se veía realmente muy poquito, pero era un vino que a mí me gustaba mucho”.

Ese gusto por el Sangiovese, más asociada a otras regiones del mundo, quedó durante un tiempo en pausa. El punto de inflexión llegó en Mendoza,“en un asado con Gera y Andre vuelvo a retomar la idea del Sangiovese”, recuerda Mariano, en referencia a Gerardo Michelini y su equipo. Allí apareció la posibilidad de trabajar con viñas existentes que nunca habían sido protagonistas por sí solas.

(De izquierda a derecha) Mariano Braga, Andrea Mufatto y Gerardo Michelini
En Mendoza, Mariano Braga se une a Gerardo Michelini y Andrea Mufatto para explorar una variedad poco difundida.

En Mendoza, Mariano Braga se une a Gerardo Michelini y Andrea Mufatto para explorar una variedad poco difundida.

La propuesta implicaba que una bodega con identidad propia como Michelini i Mufatto se sumara a un proyecto ajeno. “Les propuse la idea de que se sumaran al proyecto, lo cual era un desafío total, porque ellos hacen sus vinos y no suelen elaborar para otros proyectos”, señala Braga. Sin embargo, el interés por explorar el varietal puro terminó alineando las miradas.

Dos añadas, un mismo origen y una experiencia que solo tiene sentido en conjunto

Seriales Singulares se apoya en una idea central que rompe con el consumo tradicional, no elegir, sino comparar. La propuesta reúne dos cosechas - 2021 y 2022 - bajo un mismo concepto, con la condición de ser abiertas al mismo tiempo. “El juego es que uno no pueda probar cada vino por separado, sino que sea descorchar los dos, servirlos y comparar, ir y venir entre uno y otro”, explica Braga.

Esta lógica no es solo conceptual, también define el formato comercial: “Son dos vinos que no se pueden comprar de forma separada, el objetivo es probarlos en simultáneo”. Así, el vino deja de ser una unidad individual y pasa a ser una experiencia compartida, que además invita a la pausa y a la observación.

En ese sentido, el tiempo juega un rol determinante. “Es un vino que gana mucho con el paso del tiempo, porque son variedades que tienen mucha acidez y buena graduación alcohólica, lo que les da longevidad”, sostiene Braga, justificando los años de espera antes de su lanzamiento. La consigna es clara y forma parte del ADN del proyecto: “Esperamos años para que llegaran a este momento. Servite una copa de cada uno, dejá que respiren, y prestá atención a cómo cambian. Porque van a cambiar y no van a cambiar igual”.

Seriales Singulares - Mariano Braga
Dos añadas, una misma uva y una propuesta que invita a descubrir cómo cambia el vino con el tiempo.

Dos añadas, una misma uva y una propuesta que invita a descubrir cómo cambia el vino con el tiempo.

Dos formas de expresión: cómo cambian el 2021 y el 2022 en la copa

La propuesta cobra sentido en la comparación directa entre añadas que, aunque comparten origen y manejo, muestran perfiles distintos. El Sangiovese 2021 combina uvas de dos fincas y responde a una vendimia equilibrada, con maduración lenta. Es un vino más introspectivo, donde la complejidad se construye con el tiempo en copa y en botella.

En este caso, la crianza fue clave para su desarrollo. Braga lo explica con precisión: “No cualquier barrica. Gerardo, Andrea y Manuel tienen con Tonnellerie Rousseau una relación construida a lo largo de años que va bastante más allá de lo comercial. Es una madera que acompaña, pero no impone, y que, como el Sangiovese, gana por sutileza”. El vino pasó 12 meses en barricas de primer uso, lo que aporta estructura sin tapar la identidad varietal.

El Sangiovese 2022, en cambio, muestra otra cara del mismo proyecto. Proveniente de una sola finca y de un año más frío, ofrece un perfil más directo, con mayor frescura y una expresión más evidente de la uva. “Mismo proceso, misma mano enológica, pero barrica de segundo uso, con menos presencia de madera y el varietal más a flor de piel. Más joven, más varietal, menos solemne”, describe Braga.

La síntesis aparece al ponerlos lado a lado: “El 2021 me lleva directo a algunos de los vinos que más me marcaron en veinte años. El 2022 te da sed desde la primera copa. Juntos, se entiende todo”. Esa lectura comparativa es, en definitiva, el corazón del proyecto.

El trabajo en bodega: un varietal con mínima intervención

Desde el lado enológico, el proyecto también implicó salir de la rutina productiva. “Trabajar con Mariano en Sangiovese fue una novedad, porque nunca habíamos hecho Sangiovese puro y hacerlo en esta zona del Valle de Uco era súper desafiante”, afirma Gerardo Michelini.

El proceso respetó la filosofía histórica del equipo, basada en la intervención mínima. “No usamos herbicidas ni levaduras compradas, hacemos los vinos de la misma manera desde hace años”, detalla el enólogo. En ese marco, el desafío fue interpretar una variedad que no responde a los parámetros habituales del mercado.

Seriales Singulares, Marinao Braga (6)
El proyecto propone abrir ambas botellas juntas y entender el vino desde la comparación directa.

El proyecto propone abrir ambas botellas juntas y entender el vino desde la comparación directa.

Es una uva que no entrega mucho color, pero sí mucha estructura, y la idea era mantener esa identidad, lograr un vino largo y equilibrado”, agrega Michelini, describiendo un perfil que se aleja de los tintos más concentrados y busca otra forma de expresión.

Uno de los puntos clave del proyecto fue el uso consciente de la madera, no como protagonista sino como soporte. “Quisimos que no fuera un vino del año ni un vino fácil, sino darle una dimensión mayor a través de la crianza en barrica”, explica Michelini, en relación a la decisión de prolongar el paso por madera.

Un vino de nicho

La elección de materiales también fue determinante. “Usamos barricas de roble francés de la Borgoña y trabajamos los tostados para que no invadieran, buscando que la complejidad venga más por la forma de la barrica que por la madera en sí”, señala. Esta búsqueda se alinea con el perfil del Sangiovese, una variedad que, como el propio Braga remarca, “no gana por la potencia, sino por la sutileza”.

El proyecto también se inscribe en un momento particular para la industria. Michelini lo plantea sin rodeos: “Estamos en una crisis muy grande de consumo de vino, pero vemos que hay un espacio claro para los nichos y para las partidas pequeñas con identidad”.

En ese escenario, propuestas como Seriales Singulares encuentran su lugar lejos de la masividad. La escala limitada y el foco en la experiencia funcionan como diferencial frente a un mercado más competitivo. “Los vinos que tienen historia, que provienen de lugares especiales o que se producen en pequeñas cantidades son los que se mantienen”, afirma.

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