Los vinos mendocinos vuelven a captar la atención en los principales concursos internacionales y suman reconocimientos que reflejan el nivel alcanzado por la enología argentina. En un escenario de fuerte competencia, distintas etiquetas de la provincia logran destacarse por su calidad y por propuestas que buscan diferenciarse dentro del mercado global.
En ese marco, el Gran Corte 2020 de A Corazón Abierto obtuvo 97 puntos y la medalla Platino en los Decanter World Wine Awards 2026, convirtiéndose en el blend argentino mejor calificado de la edición. El reconocimiento también pone el foco sobre esta bodega de autor y su vino de producción limitada, elaborado con una combinación de cinco variedades y fermentación integral en barrica.
El reconocimiento internacional
Para el enólogo Leandro Azin, el resultado trasciende el premio obtenido y representa una validación de la forma en que conciben cada botella. En ese sentido, destacó que “los 97 puntos representan el puntaje más alto alcanzado este año por vinos tranquilos en Decanter”, una distinción que, según explicó, confirma un camino construido sobre decisiones exigentes.
Azin sostuvo que en A Corazón Abierto priorizan la calidad incluso cuando eso implica producir menos o asumir mayores riesgos. “Elaboramos vinos sin atajos y con una búsqueda permanente de autenticidad. Que una publicación como Decanter reconozca ese trabajo mediante degustaciones a ciegas es emocionante. Más que un premio, sentimos que es el reconocimiento a una filosofía”, afirmó.
La fermentación integral en barrica
Todos los vinos premiados comparten un mismo método de elaboración: la fermentación integral en barrica, una práctica poco frecuente que, según Azin, permite potenciar las características de la uva desde el inicio del proceso.
El enólogo explicó que “fermentar en barricas permite exaltar el potencial de cada uva y trabajar el vino de una manera muy particular”. También remarcó que se trata de una técnica demandante, con un seguimiento constante y mucho trabajo manual, pero que ofrece diferencias claras respecto de otros sistemas de vinificación. “Con paciencia, permite construir un sello propio y aporta personalidad, complejidad y elegancia”, aseguró.
Los enólogos pueden elegir barricas nuevas o usadas para la crianza del vino. - Ignacio Blanco / Los andes
Los enólogos pueden elegir barricas nuevas o usadas para la crianza del vino. - Ignacio Blanco / Los andes
El Gran Corte 2020 combina cinco variedades: Malbec, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Merlot y Petit Verdot. Lejos de responder a una fórmula fija, Azin explicó que el equilibrio surge de la experiencia sensorial y de la interpretación de cada cosecha.
“El equilibrio no surge de una fórmula previa; lo sensitivo es lo que manda”, señaló. Según describió, el Malbec aporta dulzor y cuerpo; el Cabernet Franc entrega perfiles más verdes y terrosos; el Cabernet Sauvignon suma notas especiadas; el Merlot brinda elegancia y suavidad; mientras que el Petit Verdot funciona como estructura gracias a sus taninos y persistencia. “Lo importante es que ninguna variedad domine y que el conjunto exprese algo más grande que la suma de sus partes”, resumió.
Además, destacó que uno de los mayores desafíos consiste en proyectar la evolución del vino en el tiempo. “La parte más difícil es pensar cómo estará ese blend dentro de cinco, seis o siete años, cuando llegue al consumidor”, indicó.
El valor de Los Chacayes y el papel del enólogo en la expresión del terroir
Los cuatro vinos distinguidos en Decanter provienen de la IG Los Chacayes, una zona del Valle de Uco caracterizada por su altitud, amplitud térmica y suelos con abundante piedra y material aluvial.
Sin embargo, Azin consideró que el entorno natural es solo una parte de la ecuación. “El terroir es naturaleza, pero también la forma en que cada persona la interpreta”, afirmó. En esa línea, explicó que decisiones como el manejo del viñedo, el riego, la carga de fruta, el momento de cosecha o la fermentación son determinantes para expresar la identidad del lugar.
La decisión de no elaborar vino cuando la cosecha no alcanza el nivel esperado
La producción reducida del proyecto responde también a una filosofía de calidad estricta. Azin recordó su experiencia profesional y explicó que aprendió que una gran cosecha merece celebrarse, mientras que una mala simplemente no debe llegar al mercado.
“No lo veo como un modelo de negocio, sino como una filosofía de vida y un compromiso con el viñedo”, sostuvo. También remarcó que la decisión definitiva siempre pasa por la degustación: “Ninguna máquina puede definir si un vino es elegante, armónico o realmente produce placer. Si la uva no alcanza la calidad que buscamos, preferimos esperar la próxima cosecha”.
Consultado sobre el contexto actual, Azin identificó al manejo del agua como uno de los principales retos para sostener la calidad de los vinos.
El especialista señaló que las olas de calor, las variaciones térmicas y los cambios en la maduración obligan a una observación permanente del viñedo. “El gran desafío es conseguir siempre uva excelente. Como decían mis maestros, no hay buenos enólogos con mala uva”, enfatizó.
Un consumidor que busca autenticidad y una experiencia detrás de cada botella
Para Azin, el perfil del consumidor argentino cambió de manera significativa en la última década y hoy existe un interés creciente por conocer el origen y la historia de lo que se consume.
“La gente busca mucho más que una bebida; busca una historia y una experiencia”, afirmó. También consideró que ya no alcanza con una etiqueta atractiva, porque “el consumidor quiere sentirse conectado con lo que está tomando”.
Respecto del origen de los vinos, señaló que Mendoza continúa siendo una referencia fuerte para la exportación, aunque observó una mayor curiosidad por las Indicaciones Geográficas. Aun así, sostuvo que “al final las personas terminan recordando la experiencia que les generó esa copa de vino”.
En la mirada del enólogo, las nuevas generaciones se relacionan con el vino de una manera más relajada y abierta a la experimentación.
“Lo incorporan a momentos cotidianos, exploran estilos diferentes y tienen menos prejuicios. Quizás conocen menos reglas, pero también tienen más curiosidad”, expresó. Al mismo tiempo, manifestó su deseo de recuperar hábitos tradicionales alrededor de la mesa y aseguró que espera que “volvamos a disfrutar de la conversación, de la comida y, sobre todo, de la persona que tenemos enfrente con una buena copa de vino”.