El consumo de vinos sin alcohol se expande en Argentina en línea con cambios en los hábitos de los consumidores, vinculados a la salud, el bienestar y la búsqueda de alternativas para distintas situaciones sociales.
El enólogo de Nieto Senetiner explica la nueva línea de vinos sin alcohol. Santiago Mayorga detalla el proceso, la tecnología y el desafío técnico del desarrollo.
El consumo de vinos sin alcohol se expande en Argentina en línea con cambios en los hábitos de los consumidores, vinculados a la salud, el bienestar y la búsqueda de alternativas para distintas situaciones sociales.
A nivel global, la categoría de bebidas sin alcohol muestra una tendencia de crecimiento sostenido. En mercados más desarrollados registra varios años de expansión a doble dígito, y en Estados Unidos las ventas de vinos sin alcohol aumentaron un 22% en el último año, de acuerdo con los datos presentados por la bodega.
En ese contexto, Nieto Senetiner incorporó tres nuevas etiquetas a su línea 0%: Chardonnay, Malbec Rosé y Malbec–Pinot Noir, que se suman al Brut lanzado en 2025.Por este motivo, hablamos desde Guarda14 con Santiago Mayorga, enólogo de la bodega para conocer más sobre este nuevo producto.
El desarrollo de vinos sin alcohol parte de una elaboración completa previa, donde el producto se construye inicialmente como un vino tradicional. El enólogo de Nieto Senetiner, Santiago Mayorga, explicó que el proceso comienza en la vinificación y que la eliminación del alcohol se realiza en la etapa final: “El punto de partida es entender que estos productos nacen como vinos”.
Mayorga detalló que se trabaja con uvas de calidad provenientes de Mendoza, principalmente del Valle de Uco, y con vinos base diseñados específicamente para este tipo de producto: “Trabajamos con uvas de calidad provenientes de Mendoza, principalmente del Valle de Uco, con procesos completos de vinificación y vinos base pensados desde el inicio para ser desalcoholizados”.
La etapa central del proceso es la desalcoholización mediante tecnología de conos rotativos, que permite operar a baja temperatura y en condiciones de vacío para preservar aromas y estructura. El enólogo explicó el procedimiento: “Primero se separan los aromas naturales del vino, luego se remueve el alcohol y finalmente esos aromas se reincorporan para mantener el perfil sensorial original”.
En ese sentido, remarcó que la intervención se realiza al final de la elaboración: “La desalcoholización se realiza al final. Primero elaboramos el vino completo, con su proceso habitual de vinificación, y recién después utilizamos la tecnología de conos rotativos para extraer el alcohol”.
Uno de los principales desafíos técnicos es sostener la identidad del vino tras la eliminación del alcohol, sin alterar su expresión sensorial en copa. En ese punto, Mayorga señaló: “El principal desafío fue lograr que un vino sin alcohol sea lo más similar posible al vino con alcohol, tanto en vista, como en aroma y en boca”.
El trabajo en cada varietal implicó ajustes específicos para conservar su perfil característico. En el caso del Chardonnay, el foco estuvo en la expresión frutal, la acidez y el equilibrio general del vino. El enólogo detalló: “En el Chardonnay, trabajamos especialmente sobre la varietalidad, la fruta cítrica, la acidez y el balance en boca”.
Para el Malbec–Pinot Noir, el objetivo fue construir un tinto más liviano, con menor estructura tánica y predominancia de fruta roja. Mayorga explicó: “El desafío fue lograr un tinto ligero, de taninos suaves, con mucha fruta roja”.
El crecimiento de esta categoría está asociado a la ampliación de situaciones en las que los consumidores eligen no consumir alcohol, sin abandonar el ritual del vino. Desde la bodega señalan que no se trata de una sustitución del vino tradicional, sino de una expansión de momentos de consumo.
Mayorga describió este comportamiento: “Lo que estamos viendo principalmente es un consumidor que busca sumar ocasiones de consumo, no necesariamente reemplazar al vino tradicional”. Entre esas situaciones mencionó contextos laborales, deportivos o personales en los que se evita el alcohol: “Un almuerzo laboral, manejar, practicar deporte, un embarazo o simplemente moderar el consumo durante la semana”.
En ese marco, la propuesta apunta a acompañar distintas decisiones de consumo sin modificar la experiencia social del vino. El enólogo sostuvo: “El vino 0% no viene a quitarle lugar al vino tradicional, sino a ampliar momentos de disfrute para consumidores que buscan más flexibilidad”.
La categoría impacta tanto en consumidores habituales como en nuevos públicos que incorporan el vino sin alcohol a sus hábitos. Para la bodega, ambas dinámicas conviven dentro del mismo segmento de consumo.
Mayorga explicó que el desarrollo del producto permite sostener el vínculo con el vino en diferentes contextos: “Permite que consumidores habituales de vino sigan vinculados a la categoría en momentos donde deciden no consumir alcohol”, y al mismo tiempo amplía el acceso a nuevos consumidores: “Acerca la experiencia del vino a personas que, por distintos motivos, quedaban fuera de determinadas ocasiones de consumo”.
El posicionamiento del vino sin alcohol genera debate dentro del sector sobre su clasificación, aunque desde la bodega sostienen su pertenencia plena a la categoría. Mayorga afirmó: “Es vino: está amparado por el INV, organismo que legisla la industria. Sigue siendo vino porque nace como tal”.
El proceso mantiene la lógica de elaboración tradicional y solo incorpora una etapa final de eliminación del alcohol, sin modificar el origen del producto. En ese sentido, el enólogo destacó que conserva atributos esenciales como el perfil varietal, la expresión aromática y la experiencia en copa: “Identidad varietal, expresión aromática, comportamiento en copa, ritualidad, origen y experiencia gastronómica”.
La categoría también avanza con una perspectiva internacional, impulsada por el crecimiento global del segmento. “Hoy estamos desarrollando la categoría en Argentina, donde somos pioneros con una propuesta que busca ampliar las ocasiones de consumo vinculadas al vino. Al mismo tiempo, observamos que la categoría de bebidas sin alcohol viene creciendo de manera sostenida a nivel global y que en muchos mercados ya tiene un desarrollo importante”, finalizó el enólogo.