El pasado viernes 19 de septiembre, en la Bodega Vistalba de Luján de Cuyo, se realizó una recepción encabezada por la embajadora de Finlandia, Nicola Lindertz, en honor al empresario vitivinícola Carlos Pulenta.
Carlos Pulenta analiza el presente del vino argentino y las tendencias de consumo, destacando la innovación y la identidad de Luján de Cuyo.
El pasado viernes 19 de septiembre, en la Bodega Vistalba de Luján de Cuyo, se realizó una recepción encabezada por la embajadora de Finlandia, Nicola Lindertz, en honor al empresario vitivinícola Carlos Pulenta.
Durante el encuentro se anunció que el presidente de la República de Finlandia lo distinguió con la Orden de León de Finlandia en el grado de Comandante, en reconocimiento a su servicio como Cónsul Honorario de ese país en Mendoza.
Este homenaje se enmarca en la extensa trayectoria de Pulenta como referente del vino argentino. Fundador de la bodega anfitriona y protagonista de proyectos clave en la vitivinicultura nacional, su figura combina la pasión por el vino con el compromiso institucional y cultural. “Para mí es una distinción muy agradable, me siento muy honrado, pero yo lo miro como una experiencia de vida”, señaló Pulenta, agradeciendo la condecoración que lo vincula a Finlandia y a sus valores.
En la entrevista, Carlos Pulenta reflexionó sobre la situación que atraviesa la vitivinicultura local en un contexto de caídas de consumo a nivel mundial. “Todas estas agriculturas implantadas tienen una oferta que uno a veces no puede controlar. A diferencia de las agriculturas de siembra, donde ante un exceso de oferta se puede cambiar de trigo a soja, en este caso, al no poder cambiar, se generan excesos de producción que debemos diversificar, porque las plantas siguen produciendo aunque el consumo caiga”.
El empresario recordó los años 80 como un ejemplo de cómo la creatividad permitió sostener la producción en momentos complejos: “Inventamos jugos de fruta. Inventamos ahora el vino sin alcohol. Y además hay un cambio en la actitud de los consumidores, que hoy buscan productos más rápidos y fáciles de tomar, y eso también nos perjudica como consumo”.
Consultado sobre las innovaciones en su propia bodega, Pulenta confirmó que se están probando alternativas. “Estamos haciendo experiencias. Los enólogos están de cabeza tratando de producir algunos cambios en ese sentido”, aseguró. La búsqueda de alternativas y la diversificación se presentan así como ejes centrales en la estrategia de las bodegas mendocinas.
Pulenta también se refirió al protagonismo que comienzan a ganar los vinos blancos en Mendoza, más allá del rol histórico del Malbec. “Durante muchos años hemos puesto foco en Malbec y con eso logramos tener presencia en prácticamente los mejores mercados del mundo. Pero hoy hay un desarrollo y un trabajo de los enólogos en vinos blancos que creo los va a sorprender a todos”.
La apuesta por diversificar la oferta varietal refleja no solo un cambio en los hábitos de consumo, sino también la capacidad técnica de los profesionales locales. “Están logrando productos muy interesantes, y es el resultado de la investigación que se está haciendo ahora”, subrayó Pulenta. En su mirada, este proceso no compite con el Malbec, sino que lo complementa, ampliando el abanico de posibilidades de Mendoza en el mercado internacional.
Al hablar de la relación entre tradición e innovación, el empresario destacó que el camino de los vinos blancos abre una puerta a la diferenciación. Así, Mendoza no solo consolida su lugar como tierra del Malbec, sino que también muestra su potencial para sorprender con nuevas propuestas.
Otro de los ejes que Pulenta analizó fue la inserción internacional del vino argentino. Para él, los desafíos están claros: “Afuera hay dos elementos. Por un lado están los costos de estructura, es decir, los costos logísticos, que tenemos que trabajar siempre porque son altos. Por otro lado hay un aspecto que es la comunicación”.
El empresario sostuvo que todavía falta un trabajo más sólido en la promoción internacional. “Me gustaría que estuviera mucho más concentrada y mucho más enfocada en algunos países que no nos conocen. Ese es un trabajo que nos queda pendiente”, indicó. La dispersión de esfuerzos, según su visión, limita el alcance de la vitivinicultura nacional.
Además, destacó que la comunicación no debería centrarse únicamente en el Malbec, sino en el conjunto de la diversidad argentina. “Lo que hay que comunicar es la capacidad vitivinícola de Argentina en su conjunto, con la diversidad geográfica que tiene, que es maravillosa. Sin embargo, todavía hay muchos países que no nos consideran un país vitivinícola porque no hemos llegado a informarles del potencial y la calidad de lo que hacemos”.
Pulenta también abordó la situación del consumo en el mercado argentino, reconociendo una caída que se refleja en todos los sectores. “Argentina no es una excepción. La búsqueda de la gente joven de diferentes experiencias de consumo se da acá y afuera al mismo tiempo”.
La globalización de las tendencias, según el empresario, elimina las diferencias entre lo que ocurre en el país y en otros mercados. “Hoy hay una comunicación en el mundo muy rápida. Mucha gente viaja, ve y escucha. Así que no veo una gran diferenciación entre lo que pasa en el consumo interno y lo que pasa afuera”.
Para él, el desafío es recuperar el interés de los consumidores jóvenes con propuestas que combinen tradición e innovación. En ese equilibrio está la clave para sostener el mercado interno y, a la vez, expandirse hacia el exterior.
Finalmente, Pulenta resaltó la importancia de la Denominación de Origen Controlada (DOC) de Luján de Cuyo. “La DOC es un ejemplo de lo que hay que hacer. No tengo ninguna duda”. Para él, el trabajo liderado en la región marca un camino a seguir en otras zonas vitivinícolas del país.
Destacó el rol de Roberto de la Mota en la consolidación de esta identidad regional: “Es algo que nos lleva por muy buen camino”. La construcción de una marca territorial fuerte no solo posiciona mejor a Luján de Cuyo en el mundo, sino que también contribuye a jerarquizar a la vitivinicultura argentina en su conjunto.
Pulenta fue claro respecto al valor estratégico de esta diferenciación: “Además te da la opción afuera y adentro de descubrir la diferencia que hay entre distintas regiones, el mismo Malbec de distintos lados. Es interesantísimo. Pero hay que encontrarle la identidad a cada región”. Para él, ese es el camino para sumar visibilidad y competitividad en el escenario global.