Cuál es el paso por madera necesario para que un vino sea “Reserva”

Cuál es el paso por madera necesario para que un vino sea “Reserva”
La crianza en barrica de roble sigue siendo la clave que caracteriza a los vinos Reserva y Gran Reserva.

La crianza en barrica de roble sigue siendo la clave que caracteriza a los vinos Reserva y Gran Reserva. A continuación, una serie de tips que te ayudarán a comprender mejor la función de la madera en los vinos.

Cuando las bodegas deciden realizar vinos con crianza, ya desde la concepción, es decir desde la crianza de la planta en el viñedo, los enólogos y viticultores trabajan para que las uvas tengan la mayor madurez posible en el momento de la cosecha. Cabe destacar que la columna vertebral de un vino de guarda son la sumatoria de la acidez, el grado alcohólico y, en el caso de los tintos, la estructura tánica.

En ese sentido, además de toda una serie de variables que implica el paso por madera, cabe aclarar qué entendemos cuando hablamos de crianza en relación con un vino.

Guarda del vino en madera.
Guarda del vino en madera.

Los vinos tintos reserva exigen una crianza mínima entre barrica de roble y botella de 3 años. De los cuales, al menos 1 año el vino debe haber estado en barricas y luego al menos 6 meses de estiba en botella.

En vinos blancos y rosados el período de crianza es de 2 años, de los cuales, 6 meses tienen que ser en barricas de 225 litros.

Y el gran reserva tinto, debe ser criado durante un total de 5 años, con un mínimo de 2 años en barrica de roble de 225 litros y 2 años en botella. En blancos y rosados el tiempo de crianza es de 4 años.

Ahora bien, la elección del tipo de madera, tostado, tamaño y los tiempos de crianza serán la clave para que cada vino sea único.

Origen de la madera

Roble americano: La madera de este origen es más resistente, dura y permeable, lo que se traduce en transferencias mucho más potentes, que se consiguen de una manera mucho más rápida. Así, la crianza en roble americano aporta aromas intensos como el cacao o café́.

Roble francés: Este tipo de madera es más blanda que el roble americano, lo que se traduce en una oxigenación del vino más lenta y en consecuencia los sabores que aporta al vino son más suaves y delicados.

Roble español: Tiene más semejanzas con su homónimo francés por la zona geográfica en la que se ubica. Suele ser el material elegido para vinos tintos, ya que posee un gran potencial enológico que proporciona matices avainillados y ahumados.

Roble húngaro: se caracteriza por fracciones aromáticas que evocan la vainilla y las especias. Su contenido tánico moderado limita las sensaciones de amargor y astringencia.

Madera en el vino.
Madera en el vino.

Tipos de madera

  • Castaño: la madera de castaño presenta grandes aptitudes para elaborar vinos ya que aporta mucho tanino, incluso más que el roble.
  • Acacia: Pueden distinguirse dos variedades dependiendo del grado de tostado que tenga la madera, si no está tostada suele ser elegida para la crianza de vinos blancos ya que aporta toques frescos. Por otro lado, si está tostada parcialmente también puede destinarse a la conservación de vinos tintos.
  • Cerezo: Al igual que la madera de acacia, en el cerezo existen dos tipos de barricas, ambas sirven tanto para tintos como blancos, cuando dispone de un nivel de tostado medio aporta matices mucho más intensos a ciruelas o cerezas.

Tiempos de uso de la madera

También será vital la elección de recipientes nuevos o usados, ya que el vino absorbe materia de la barrica y viceversa, por lo que después de varios usos el aporte de la barrica va disminuyendo notablemente.

  • Barricas nuevas: aportan un tanino más dulce, intenso y aterciopelado.
  • Barricas usadas: aportan un tanino equilibrado y suave.
  • Barricas viejas: aportan un tanino más secante y en algunos casos desagradable.

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