Emprender en el mundo del vino: cómo es el desafío de apostar por tener tu propia bodega

Emprender en el mundo del vino: cómo es el desafío de apostar por tener tu propia bodega
Matías Etchart, Estela Perinetti, Andrés Vignono y Gonzalo Tamagnini y Martin Sesto. - Gentileza

Con pasado en grandes bodegas o con un legado familiar, algunos enólogos y viticultores se animaron a dar “un salto al vacío” y encarar su propio vino.

Salir de la zona de confort es quizás uno de los grandes desafíos del ser humano. Y, en el mundo del vino, caracterizado por sus vaivenes e incertidumbre en cada cosecha, dejar un lugar “seguro y estable”, como puede ser el trabajo en una bodega o una carrera profesional en otra industria, puede llegar a ser una difícil decisión.

Pero dejando atrás los miedos lógicos de un escenario incierto, varios son los enólogos y viticultores que decidieron emprender el camino de tener su propio vino o bodega. Esos son los casos de Andrés Vignoni, Estela Perinetti, Gonzalo Tamagnini y Martin Sesto, y Matías Etchart, quienes compartieron con Los Andes sus historias.

Andrés Vignoni - Raquis

“Un camino de libertad”, así define Andrés Vignoni esta nueva etapa en su vida laboral. Tras su salida de Viña Cobos, el joven que logró ganarse un respetado lugar entre los enólogos más destacados de Argentina comenzó a darle forma a Raquis, su proyecto personal junto a Facundo Impagliazzo y a Ariel Núñez Porolli, ambos también exs de la bodega Paul Hobbs, que debutará en el vino argentino para octubre.

Con la idea de “transmitir la belleza de los lugares de Mendoza” y con la inspiración de los vinos de apelación de Francia e Italia, desde 2021 Vignoni y sus socios comenzaron a explorar distintos terroirs del Valle de Uco para darle vida a un proyecto de un proyecto de alta precisión, enfocado en el terroir que, como lo definió el propio enólogo, desde su concepción apunta a un concepto moderno que engloba la sustentabilidad y el respeto por el lugar.

Desde estos viñedos nace Raquis, el nuevo proyecto de Andrés Vignoni. - Instagram
Desde estos viñedos nace Raquis, el nuevo proyecto de Andrés Vignoni. - Instagram

Estela Perinetti - Las Estelas

Con la experiencia de saber lo que es comandar una bodega, en el año 2019, Estela Perinetti decidió dejar el importante lugar que tenía en el Grupo Catena -donde fue parte de Escorihuela, Caro, Luca y Catena Zapata- para darle vida a su propia bodega, Las Estelas, su proyecto personal proveniente de El Peral, Tupungato, inspirado en las mujeres de su familia.

“Si bien estaba en relación de dependencia, muchos años estuve en puestos de toma de decisiones. En ese sentido, no fue tan difícil, porque yo sabía cómo era esto de armar un proyecto desde cero, me pasó con Caro, donde el desarrollo de la bodega que es hoy estuvo a mi cargo”, comentó la enóloga.

Considerada una de las mujeres más influyentes dentro de la enología moderna del país, Estela decidió dejar esa “zona de confort” para convertirse en una empresaria dentro del mundo vitivinícola, algo que definió como “complicado, pero motivador”. “Me siento cómoda con la decisión. Si bien tenés tus momentos, también tenés más libertad. Soy una persona que le gustan los desafíos, ser creativa. Eso no quiere decir que en Catena no haya podido hacerlo, pero poder vender tu propio vino, tus propias cosas, es motivador”, afirmó.

El proyecto comenzó con la cosecha 2016 y 3.000 botellas de dos vinos, pero hoy ya tiene nueve en dos líneas que se comercializan en el país y en otros siete mercados de exportación. Y, aunque reconoce que el negocio del vino no es fácil, el espíritu enérgico de Estela la empuja a seguir adelante y para este año tiene planificada la apertura de un espacio enoturístico dentro de la finca, con su propia sala de degustación y un espacio para poder hacer visitas guiadas por el lugar. Y, “para un futuro cercano”, la idea de Perinetti es poder construir su propia bodega.

Estela Perinetti, la dueña de Las Estelas. - Gentileza
Estela Perinetti, la dueña de Las Estelas. - Gentileza

Gonzalo Tamagnini y Martin Sesto - Desquiciado

Dicen que el vino une, y Gonzalo Tamagnini y Martín Sesto pueden decir que esto es correcto en muchos sentidos. Sus caminos se cruzaron en Mil Suelos, el proyecto de Alejandro “Colo” Sejanovich, Jeff Mausbach y Jorge Crotta, uno trabajando en la enología y el otro en la parte comercial y administrativa.

Las horas compartidas en la bodega -a las que también le deben el nombre de la marca nacido en una divertida anécdota en la que les tocó trabajar un 1 de mayo- dieron vida a una amistad y sociedad que en el año 2015 tuvo una primera vendimia. “Arrancamos con 15.000 litros de dos varietales, pero la idea fue hacerlos para nosotros, los amigos y la familia y con el resto lograr un poco de capital. El Colo nos dio una mano con las botellas y los corchos para poder embotellar”, contó Martín Sesto.

Los resultados de esa primera añada fueron realmente buenos, al punto de que las críticas recibidas lo impulsaron a darle forma a su propia marca. Así, al año siguiente hicieron 25.000 litros y salieron al mercado “golpeando puertas” para venderlo en vinotecas. “Pasó algo totalmente increíble, dimos con algunos influencers y blogueros que se coparon con los vinos y generó que el negocio creciera. Vendimos todo en seis meses”, recordó Sesto.

Actualmente elaboran 120.000 litros distribuidos en 13 vinos, los cuales venden en Argentina y otros países como Canadá, Brasil, Estados Unidos, Perú, El Salvador, Francia, Alemania, Suiza y prontamente en Colombia. El crecimiento de Desquiciado ha sido tal que desde 2021 ambos abandonaron su lugar en Mil Suelos y decidieron dedicarse de lleno al proyecto.

Con una identidad visual muy llamativa, los vinos de Desquiciado, como lo define Martín Sesto, son “vinos de estilo”, con varietales disruptivos, y no de lugar, ya que no cuentan con viñedos propios, algo que está en sus planes a futuro junto con la construcción de su propia bodega.

Gonzalo y Martín, los creadores de Desquiciado Wines - Gentileza
Gonzalo y Martín, los creadores de Desquiciado Wines - Gentileza

Matías Etchart - Amar y Vivir

El apellido Etchart tiene un peso significativo en la historia del vino argentino. Es que Arnaldo, hace ya casi 100 años, fue uno de los pioneros en el norte del país, dándole vida a Bodega Etchart, un símbolo de Cafayate. Aunque esa empresa no pertenece a la familia desde 1996, hoy en día, Matías, su nieto, sigue su legado haciendo punta en la quebrada de San Lucas y su propio proyecto, Amar y Vivir.

“Mi abuelo, aunque no llegué a conocerlo, fue una personalidad muy significativa para mí y sigue siendo alguien referencial en mi vida, es realmente mi norte, mi faro, en todo lo que yo hago”, expresó Matías.

Aunque en su carrera estuvo en primera instancia muy lejos de la viña y el vino, en las oficinas de algunos bancos, “la sangre tira”, reza un dicho popular, y cuando Etchart contó con el capital necesario para poder comprar su propio viñedo y seguir así el legado familiar no lo dudó.

Así comenzó una intensa búsqueda de un lugar que reuniera todo lo que él esperaba para poder materializar lo que hoy es su propia bodega. Esa travesía comenzó en 2006 y se completó en 2010 con la aparición de Arca Yaco, una finca a unos 38 kilómetros de Cafayate, en la mencionada quebrada, a unos 2.100 metros de altura. “La altura, el clima, los suelos y la calidad del agua, son muy distintos a Cafayate”, describió Etchart.

Arca Yaco, el lugar que eligió Matías Etchart para hacer Amar y Vivir. - Gentileza
Arca Yaco, el lugar que eligió Matías Etchart para hacer Amar y Vivir. - Gentileza

Al ser un lugar inexplorado por la vitivinicultura hasta ese momento, el trabajo de Etchart no solo estuvo en el desarrollo del viñedo y el posterior vino, sino también a nivel estructural en la finca, con el trazado de un camino para poder ingresar en vehículo o las acequias y canales para poder conducir el riego. Un trabajo que realizó de manera unipersonal.

Así fue que en 2015 obtuvo su primera cosecha con Malbec y Cabernet Sauvignon y de ahí en adelante comenzó a escribir una historia plagada de reconocimientos y buenas críticas al proyecto.

Entre las novedades de Amar y Vivir se pueden mencionar la cosecha 2022 de su Cabernet Franc, proveniente de Finca El Monte, a unos 7 kilómetros de Arca Yaco, inmersa en la precordillera salteña a 2.700 msnm. A su vez, Etchart está desarrollando un nuevo proyecto llamado Ancasala. “Un terruño que realmente es una belleza desde el punto de vista del paisaje, pero también desde el punto de vista enológico. Va a ser algo realmente fenomenal”, adelantó.

Marías Etchart junto a sus hijos y sus vinos. - Gentileza
Marías Etchart junto a sus hijos y sus vinos. - Gentileza

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